Entrevista con Enrique Urbina, autor de ‹‹Raíces›› y ‹‹Aquí el silencio no descansa››

¿De qué se trata a grandes rasgos Raíces? 

Es realmente un cuento largo. Trata sobre una madre y una hija. Viven solas y la madre se despierta escuchando un ruido en su casa. Prácticamente es un día,  día y medio, en su vida. Lo cuento con mucho detalle y trata sobre cómo es vivir solo o sola después de un tipo de trauma. Empiezan a pasar cosas con la niña y el jardín que tienen, particularmente. 

A mí me interesa mucho la relación que tenemos con la naturaleza, como algo que tenemos que cuidar. Pero también es la naturaleza directa como “los árboles están directos aquí en la calle y cómo la naturaleza es nosotros, pero en un sentido desmesurado y que no podemos entender o que nos rehusamos a reconocer. 

Habla de la naturaleza en nosotros y de cómo nos puede parecer horrible. Viene de la tradición de horror y fantasía de Borges y Bioy Casares, y de los cuentos de hadas en el sentido de que llega algo extraño a un pequeño espacio. Otros autores como Arthur Machen, escocés que habla mucho de la relación que está ahí́ frente a nosotros y que por cómo entendemos la realidad no lo podemos ver, y no es necesariamente una realidad que se cae, sino una especie de reencuentro. Machen es como de los precursores de Lovecraft, en su cuento El gran dios Pan, en la que intenta rescatar la tradición que tiene como escocés, que está en películas como Alucarda, de Juan López Moctezuma. 

Intenté rescatar todas las cosas que tenemos en la tradición mexicana y que no vemos. El tipo de narrativa que planteo es lineal, pero es contada en fragmentos para retratar el ritmo que tenemos ahora. 

En  Aquí el silencio no descansa, intento narrar situaciones cotidianas de la vida, o situaciones de la vida vista desde una perspectiva y un lenguaje mítico. Para mí la poesía es un lenguaje que “hace”. Encontré en la poesía una manera de reencontrarnos con la realidad para cambiarla. Marcelo Cohen dice que toda literatura tiene que ser una droga que sirva para expandir la realidad y eso es lo que traté de hacer en este libro. 

¿Qué es la poesía para ti? 

Me interesa esta parte de la poesía que, creo,  se ha perdido: el lenguaje creador. Lo interesante es que para ellos el lenguaje era una herramienta creadora, cosa que quiero rescatar, y que me parece mágica. Lo que yo digo crea cambios pequeños o grandes en las personas que lo leen. 

¿Te interesa la métrica o el verso libre? 

Ambas. El verso libre para mí tiene su propia métrica, sus propios ritmos. En mucho de esos poemas no son sílabas contadas, pero sí tienen su propio ritmo, que no es casual. Hay mucha repetición que le dan cierto ritmo al lenguaje del poema para crear cierto tipo de atmósferas. Me interesa la métrica de cada poema. 

Verso libre suena como “voy a escribir como me dé”, pero creo que “verso libre” es que cada poema tenga su propia métrica, su propio aliento. 

Con respecto al título del poemario, ¿por qué el título y a qué te refieres con el aquí

Se iba a llamar Atmósferas, pero no quedó por cuestión de los editores. Pero al final estuvo muy bien, me gusta más. Aquí el silencio no descansa, es un verso de un poema que marca la mitad del poemario y no es tanto de palabras, sino más visual. 

A lo largo de todo el poema, justo regresando al tema de la métrica, estos textos creo que son más litúrgicos en cierto sentido. Cuando uno va a la iglesia vemos que tienen cierto ritmo. El juego del silencio y con las voces que hay es muy importante, de ahí́ que las repeticiones hacen que el sonido prepondere y el significado quede en segundo plano. Eso está mucho en mis textos. 

Además, el título viene de las voces que no están muy explícitas, pero que están porque muchos de los temas son narraciones, pues se cuenta o se muestra algo. Es decir, decir, decir, para que otras cosas salgan a flote, gracias a ese silencio que se oculta y que se muestra en los textos. 

Con el aquí, me refiero a la realidad que intento plasmar y al libro mismo. No tiene temas fantásticos: hay uno de una fiesta, hay otro de un asesinato, hay de unas personas bailando en un bosque, otro de un niño muerto en la playa. Es hablar de la realidad, y de un no huir de ella, y no callar sobre lo que ocurre en ella. No es cuestión de evadirse, sino de abrirse a la realidad. 

Respecto a la poesía, ¿tienes algunos autores que te han influenciado? 

Sí; T.S. Elliot, un místico increíble, Rodolfo Hinostroza, peruano que es un loco, le dedico un poema a él que se mete mucho en el esoterismo, usaba símbolos de la astrología, cartas de Tarot, hacía referencias a Salomón, a magos, etcétera. En este poemario, específicamente, López Velarde está presente, sobre todo con el López Velarde de La sangre devota, poema que me interesa por el juego místico y carnal que marca mi poema. Ellos tres son los principales que están en este poemario. 

¿Cuáles fueron los principales obstáculos a los que te enfrentaste a la hora de escribir y de ser publicado? 

Lo más difícil de escribir es hacerse la disciplina. Para escribir hay que escribir. Lo que más me costó trabajo fue entender bien qué es la escritura. Normalmente escribimos, y está bien, sin rumbo; sin embargo, tener una dirección es una constricción, ayuda al escribir. No puedes llegar a la computadora a sentarte y escribir una novela. Entendí́ que la escritura es un proceso mucho más grande que la redacción: es estar aquí hablando, estar en el metro pensando, estar todo el tiempo como lo diría Roger Santibáñez, un poeta peruano, estar en estado de poesía, o como una esponja que todo el tiempo está absorbiendo, y en la redacción es exprimirla. 

Encontrar una voz es muy complicado actualmente por la cantidad de estímulos que tenemos y porque no hay nada nuevo bajo el sol, pero alguien que quiere escribir y dedicarse a eso profesionalmente debe de saber cuál es su proyecto de vida y hacia dónde quiere ir. Si no es solamente un ejercicio de vida lo cual, insisto, no está mal, pero son prácticas distintas. 

Publicar es lento, lento, lento. El primer manuscrito que mandé fue hace tres años. Primero lo tienen que leer, luego que te acomoden en su plan anual y, en el ínter, hay que trabajar el texto. Para que te conteste una editorial pasan cuatro meses más o menos. Ni siquiera contestan de recibido, se necesita muchísima paciencia. 

¿Te hicieron modificar algunas cosas? 

Sí, pero yo creo que eso tiene que ver con el proceso de escritura. No estoy de acuerdo con no querer que se cambie. Creo que un texto se hace en comunidad, desde que lo estás leyendo, el texto está cruzado por muchísimas otras cosas de las que no tienes idea; es usar voces para decir algo. En el proceso editorial, yo creo, quieren lo mejor para que el libro sea bien recibido y por ello el proceso de redacción del texto es una pequeña lucha amistosa. No estoy de acuerdo con pensar que las obras son impenetrables. 

Para ti, ¿la escritura es salir y exponerte al mundo o regresar a la soledad y escribir? 

Para mí es ambas. Toda obra es una mezcla de lo que uno consume, llámese sentidos como experiencias o memorias. La reunión de esas dos cosas es lo que da la escritura. Hay gente como Kant que nunca salió de su pueblo o Stephen King y Alan Moore que viven en pueblitos en donde no pasa ni el aire y escriben cosas increíbles, pero para mí la escritura es un proceso de salir y estar en el mundo; estar atento y luego llegar a escribir en soledad. 

¿Crees que puede haber originalidad tras tantas cosas que se han dicho? 

Ya todo está dicho, pero necesitamos volver a decirlo. Todos los temas ya se han tratado, pero necesitamos volverlo a decir. Necesitamos algo que esté cerca de nosotros, y por ello el lenguaje se renueva junto con las artes y la literatura. Por ello debemos volver a decirlo.

Podría decirse que la originalidad depende en cómo lo digas. También podríamos decir que recae en estar juntando múltiples voces, pero desde un origen distinto: escribo sobre el mismo tema, pero yo vengo de un aquí específico. La originalidad está en eso, en saber poner el dedo en algo y saber cómo decirlo. 

A un joven escritor, ¿qué le dirías? 

Que sea paciente. Por los tiempos y el mismo acto de escritura. Que sea disciplinado. Uno puede lograrlo, pero tiene que escribir. También que sea un acto de meditación donde se pregunte qué quiere y para qué lo quiere. Sobre todo, también debe buscar espacios para darse a conocer. A todo artista le pasa que no quiere que nadie vea lo que hace, bajo la idea de que es una porquería, pero si no das el primer paso para conocerte, no lo sabrás. 

Es decir, es escribir, pero también salir a buscar lugares para que alguien reciba ese texto. Es un hacer tu carrera literaria, evitar que si un árbol se cae en el bosque nadie lo escuche. 


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