Los dominios del lobo – Javier Marías

Por José Silvestre

Un domingo al mediodía entré a un bazar, la gran cochera resguardaba artículos en su mayoría de algún caballero difunto, con precios que simbolizaban sólo su exposición, entre ellos una mesa con un par de pilas de libros. La mayoría del material eran enciclopedias o elementos notables de la ya reconocida Porrúa, entre ellos un libro de la editorial Anagrama llamó mi atención, leí la contraportada y me convenció sólo por haberse escrito en París sin saber que más tarde significaría más que eso. El precio fue lo mejor, veinte pesos; sin exagerar fue una de las mejores compras que he hecho este año. 

El ahora consagrado Javier Marías publicó en 1971, a sus diecinueve años, un homenaje en forma de novela a su fanatismo por el cine. En el prólogo a la segunda edición menciona las condiciones parisinas bajo las que escribió esa primera novela: poca y mala comida, tocar la guitarra por dinero al estilo de Dylan en los Campos Elíseos y mucho cine americano de los años 30 a 50. Marías declara que durante su estancia de mes y medio en París vio un total de 85 películas que lograron tener una gran influencia en la novela; la marca del cine negro de la primera mitad del siglo XX está presente entre sus páginas. 

El español, nos presenta, desde la primera hasta la última página, una premeditada trampa de la percepción que se desarrolla con cada una de las historias que componen la novela;  pues no hay que perder pista de la aventura que está en desarrollo implícito en torno a la familia Taeger. Marías visita los paisajes más característicos de la cotidianidad tradicional americana, la joven pluma del autor logra una forma ágil de descripción, al grado de transmitir la tensión y los sentimientos de preocupación y temor que caracterizan los escenarios más memorables del relato, con expresiones directas, sin excentricidades y manteniendo siempre el veloz ritmo narrativo de la historia.

Hay que advertir que no se encuentran en esta novela frases profundas o filosofías escondidas, encontramos cotidianidad norteamericana del siglo pasado distinguida por un mesurado y elegante sentido de la violencia y sobre todo del ingenio de los personajes. Cada pequeña historia que conforma las páginas de la novela contiene una buena dosis de sorpresas para el lector. Marías filtra entre sus pequeñas historias la complejidad de una madeja que termina en un elaborado tejido narrativo, la historia se constituye y se beneficia de la minuciosidad que ha implementado el autor para relacionar historias, situaciones y personajes que fueron, en última instancia, fruto de su gusto por la narrativa cinematográfica. 

Los dominios del lobo va en contra del dicho de Cortázar, la última página es un golpe contundente que corona la genialidad del primer trabajo novelístico de Marías. Si usted se quiere entretener y leer una prosa rápida, precisa y que sin embargo no pierde la importancia de los detalles entonces usted tendrá como opción leer Los dominios del lobo de Javier Marías publicado por Anagrama. 

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