Los relámpagos de agosto – Jorge Ibargüengoitia

Por Mariana Trujillo Martínez

‹‹Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra.››, por eso negó trescientos pesos el General de División José Guadalupe Arroyo al venido a menos general Macedonio Gálvez, por supuesto, el general Arroyo no tenía idea de que el general Macedonio robaría su pistola y que el destino estaba a punto de atestar el primer mandoble a su prominente carrera militar. 

La historia de la humanidad es narrada por los victoriosos, en el caso de la Revolución Mexicana, por los generales que vencieron a los flamantes Mondragón importados por Porfirio Díaz para sus capitanes entrenados en el extranjero. Estos generales crearon un grupo élite que se convirtió en una nueva dictadura. Los relámpagos de agosto, narra mediante la voz del general Arroyo, los acontecimientos posrevolucionarios a partir del año 1913 desde la perspectiva de los generales que no fueron miembros de esa élite. 

El libro se puede dividir en tres partes: desde la muerte del Presidente hasta la formación del partido único, la fundación del partido único hasta el levantamiento en armas y, finalmente, la serie de batallas que culminan en un enfrentamiento final en la frontera. En general, el libro es una sátira del México posrevolucionario, algo muy común en la obra de Ibargüengoitia, como prueba basta leer cualquier cuento de la compilación Instrucciones para vivir en México o la novela Los pasos de López.

La primera parte del libro abre con el general Arroyo siendo nombrado Secretario por el Presidente, es durante la travesía a la Ciudad de México que ocurren el encuentro con el venido a menos general Macedonio y la muerte del Presidente. 

En la primera parte, el tiempo de la narración fluye de una manera curiosa, el general Arroyo promete que va a relatar algo a lo largo de x capítulo, pero por razones ‹‹meramente literarias, de ritmo y espacio›› lo logra hasta el capítulo siguiente; siempre se distrae relatando nimiedades que, no obstante, constituyen la riqueza literaria de la historia. El lujo de relatar nimiedades, me parece, es un reflejo del estado de confort en el que vive el personaje: es un hombre rico en una buena posición, no tiene de que preocuparse, aún. 

En la construcción del partido único y en el personaje de Vidal Sánchez es donde más aparece el carácter satírico de Ibargüengoitia; cuando Benítez le propone al general Arroyo hacerle frente a Vidal Sánchez, primero le cuenta lo que éste está haciendo en el Congreso: 

‹‹Vidal Sánchez quería unificar a los revolucionarios y que, para esto, había fundido en un solo partido al PUC, al FUC, al MUC, al POP, al MFRU, al CRT y al SPQR y ahora buscaba el apoyo del PRIR y del PIIPR››.

Al leer esta lista de partidos, parece que Ibargüengoitia está escogiendo letras para crear siglas que suenen graciosas, pero al llegar al SPQR queda claro que se está mofando de la absurdamente gran cantidad de partidos que había en aquel México posrevolucionario. Después, coquetea con la idea de un partido similar al PRI, lo cual es también común en la obra de Ibargüengoitia; coquetear con hablar mal del PRI, pero no decir nunca su nombre o decir su nombre pero no decir nada que pueda ser considerado un ataque directo. 

Alrededor de esta cita comienza la segunda parte del libro, la más acelerada porque el partido se crea en un santiamén y en un santiamén eligen a su candidato, quien dice lo que tiene que decir donde lo tiene que decir; en donde piden reforma agraria, da un discurso tan populista que linchan a un hacendado y en Monterrey da un discurso tan conservador que los creen cristeros. 

Probablemente, esta segunda parte es en la que Ibargüengoitia más se sirve de la historia de México. Está llena de referencias a cosas que sí pasaron y a personajes que de hecho existieron. 

Hay una frase hacia el final de esta segunda parte muy de la pluma de Ibargüengoitia en la que es evidente que ni el mismo general Arroyo creía en el discurso que estaba dando:

 ‹‹–Este dinero que ustedes nos dan –les advertí cuando ya se iban–, no está perdido. Se queda aquí en calidad de garantía. Cuando triunfe la Revolución…, etc. Ellos se fueron sin creerme. Hicieron bien, porque ese dinero nunca lo volvieron a ver››. 

Esos “…etc.” están por todo el libro y siempre interrumpiendo un discurso revolucionario, a veces los sustituye por “y todo eso”, ni los revolucionarios más puros creen en su propio discurso. 

Me parece que una vez que el lector conoce al General de División José Guadalupe Arroyo y su historia, puede apreciar la espléndida ironía de la pluma de Ibargüengoitia en el epígrafe del libro y me parece también que éste es el ornamento ideal para cerrar esta reseña:

‹‹A Matilde, mi compañera de tantos años, espejo de mujer mexicana, que supo sobrellevar con la sonrisa en los labios el cáliz amargo que significa ser esposa de un hombre íntegro››.

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